El bordon de San francisco

Rocaforte es hoy un pueblecito casi desierto que se encuentra en un alto que domina la ciudad de Sangüesa. Para llegar a él hay que desviarse ligeramente del camino establecido, pero ya nadie recuerda que ahí vivieron los sangüesinos  antes de que todo se trasladarán al lugar que hoy ocupa la localidad. Por ahí pasó San Francisco de Asís  cuando viajó a Compostela y, después de remontar la dura  pendiente que conduce hasta la aldea, se sintió profundamente cansado y, dejando el bordón junto a él y sirviéndose el hatillo como cabezal,  se durmió profundamente.

Al despertar de su corta siesta se dio cuenta de que el bordón que dejó su lado se había hincado en la tierra junto había echado raíces y se había convertido en un espléndido moral expandía su espesa sombra por todo el contorno. Aquel prodigio le hizo darse cuenta del mensaje que le transmite el apóstol y decidió fundar ahí mismo su primer convento en la ruta jacobea. El moral protegió con su sombra la fundación franciscana durante muchos siglos. Hoy ha desaparecido ya, muerto a fuerza de serle arrancado sus hojas por la devoción peregrina, pero permanece el recuerdo. 

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