El ciego de San Zoilo

Un ciego de nacimiento emprendió el Camino con la esperanza que el apóstol pudiera hacerle nacer la vista de la que nunca había gozado. Se dejo acompañar por otro peregrino penitente que le servia de lazarillo y nunca lo abandonaba, sabiendo que con aquella acción ejercía una caridad que seria del agrado de Santiago.

Así llegaron, a la salida de Carrion, al monasterio de San Zoilo, un santo conocido de los peregrinos desde que pasaban por la localidad navarra de Sansol. Los monjes que cuidaban del cenobio le ofrecieron al ciego la posibilidad de pasar la noche en una cama del hospital que regentaban, pero él les rogó encarecidamente que le permitieran pasar la noche ante el altar del santo. Asi se lo permitieron y, a la mañana siguiente cuando acudieron a abrir el templo después de una noche poblada de luces y armoniosas músicas celestiales, encontraron al peregrino postrado ante la imagen y mirando fijamente al santo con la luz que el cielo se había dignado a devolverle los ojos.

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