El origen de San Juan de la Peña

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Cuenta la leyenda que un joven noble llamado Voto se encontraba cazando a caballo en el solitario por aquellos parajes del Pirineo. De pronto, su montura se asomo a un precipicio y estuvo a punto de caer, pero el jinete se encomendó a tiempo a San Juan Bautista, que impidió  milagrosamente el accidente. Asombrado  por la belleza del lugar,  Voto desmonto y comenzó a recorrer a los alrededores, poco a poco, sin casi  percibirlo en un precipicio, un aroma suave y celestial  lo condujo hasta la boca de una cueva. Se metió por ella, y, no lejos de la entrada, tropezó con el cuerpo incorrupto de un anacoreta que hacia muerto con la cruz abrazada contra su corazón. el joven lo reconoció inmediatamente como Juan de Atarés, porque la fama de su santidad se había  extendido por toda la comarca,  aunque nadie se haya atrevido nunca, por respeto, a romper  su soledad y prácticamente nadie conocía el lugar donde había elegido retirarse. 

Tocado por la santidad de aquel hombre Voto tomo la decision  de seguir sus pasos y acompañado de su hermano Felix abandonaron su casa, su familia, y la vida cómoda que les aguardaba y se encerraron en el laberinto de aquellas soledades abruptas, con el propósito de entregar su vida a Dios, y a la contemplación,  Allí discurrió su existencia en loor de santidad y, a su fallecimiento otros dos hermanos, Benedicto y Marcelo vinieron a sustituirlos y formaron en torno suyo el núcleo de la primera comunidad de monjes que constituiría el primer cenobio.

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