Julián y la piedra

Mañana fría con neblina. Pasaban de las 8:00 am, ese día había iniciado algo tarde mi andar, había disfrutado de un café caliente que no quería que terminara. Mis pies aún seguían fríos y por más que caminaba rápido no lograba que mis pies se calentaran. Al poco tiempo que inicie mi camino entre la neblina matutina vi a un peregrino delante de mí, pasaba de los 50 años, traía un bastón largo de esos de madera que se encuentran en las tiendas comunes sobre el camino, camisa a cuadros café, pantalón caqui, y un sombrero peculiar, jamás imaginaría su historia.

Caminé detrás de él casi 2 km, caminaba tan rápido como para no poder rebasarlo y tan lento como para no quedarme atrás. Por fin, cuando él hizo un descanso lo pude rebasar. Él estaba tan distraído que no cruzamos palabra, por mi parte respete esa soledad en la que el deseaba estar.

Al paso de los días el frío en las mañanas estaba más presente, y con mi ligera polar se me hacía muy duro caminar tan temprano, así que no dudé más, y llegando a la ciudad de León busqué una tienda de ropa económica donde poder comprar una chamarra acorde al clima.

Llegando al albergue de Leon, estando entre peregrinos, alguien me hizo saber de una tienda de ropa que no estaba muy lejos, así que pude ir a la mayor brevedad. Al poco tiempo de entrar a la tienda me encontré de frente con aquel peregrino de camisa a cuadros café, para mi sorpresa él fue el que me reconoció primero, diciendo, tú me has rebasado días atrás por la mañana, claro me acuerdo de ti, me dijo me llamo Julián, contestando le dije me llamo Carlos, casi de inmediato me dijo, sí claro el Mexicano, ya había escuchado de ti. Dirci la peregrina Brasileña me ha contado de ti. Después de la presentación cada cual compró lo que necesitaba y nos despedimos, no lo volví a ver hasta días después.

Muy cerca de León, a casi 80 km de ahí se encuentra la Cruz de Ferro, este es uno de los puntos más altos de todo el camino, una cima de más de 1800 metros sobre el nivel del mar, considerado un lugar muy especial porque alberga un ritual poderosísimo. Se dice que todo peregrino al iniciar su camino debe tomar una piedra y cargarla consigo, al llegar a la Cruz de Ferro el ritual consiste en acercarse lo suficiente y estando de espaldas a la cruz, tomar la piedra que se ha cargado a lo largo del camino y aventarla hacia atrás. Este acto simboliza que toda aquella carga o aquel pesar con el que hayamos llegado a este punto quedará en el pasado. Por cierto el tamaño de la piedra no tiene nada que ver con el tamaño de tu pesar, o al menos así debería ser.

Después de la Cruz de Ferro comienza una cuesta abajo muy bella, con unos paisajes increíbles. Pues bien, disfrutando de esos paisajes y de la sensación de haber dejado mi piedra (pequeña por cierto) a lo lejos veo a un peregrino sentado. Al acercarme me di cuenta que era Julián, y con gran sonrisa me gritó estando lejos aún, Mexicano te vuelvo a encontrar.

Julián me contó que llevaba cerca de 30 minutos descansando, por ello que cuando pasé por su lado me dijo, caminemos juntos, e iniciamos la caminata. Caminaba a mi ritmo y eso me agradó, al poco tiempo de preguntarnos unas cosas básicas me dijo lo siguiente:

Carlos quiero platicarte algo, serás la primera persona a quien se lo cuento, hace 13 años perdí a un hijo. Una noche llego él, diciéndome que viajaba a Francia a esquiar con algunos amigos, jamás me esperaría que al poco tiempo de su llegada al lugar donde esquiarían, me llamaran para decirme que mi hijo había caído en un pozo y había muerto. Desde entonces mi vida se ha vuelto un caos, como familia hemos pasado por tristezas tan profundas que aún pasando los años sigo sin aceptarlo, mi relación con mi esposa ha sido terrible, y en mi casa el hueco que él ha dejado ha sido insuperable. Hace 5 años me enteré del Camino de Santiago, y al saber del ritual de la Cruz de Ferro, hice un viaje justo al lugar donde falleció mi hijo, y tomé una piedra, era de buen tamaño y de buen peso, la transporté hasta mi casa en Valencia, y desde hace 3 años he planeado este viaje. Me he preparado a conciencia, caminando, ahorrando dinero, y comprando el equipo para venir lo más preparado posible. Hoy ha sido ese gran día que me he liberado de esa piedra enorme que venía cargando a lo largo de estos 400 kilómetros, y quiero decirte Carlos que me siento muy bien. Hoy me he liberado de una gran carga emocional, y me siento lleno de fuerza para luchar por mi familia, darle la importancia que se merece mi esposa y mis otros dos hijos.

Un nudo en mi garganta me impidió decir algo, pero Dios sabe la admiración que sentí por ese hombre aquel día. Al llegar a Santiago me doy cuenta que llego el mismo día que Julián y tengo la fortuna de cenar en su compañía y la de otros amigos más del camino.

Cuántas personas caminan por la vida con cargas emocionales tan grandes que uno no se da cuenta, cargando cargas emocionales difíciles y duras de sobrellevar. Cuánto tiempo tiene que pasar para que logren sobreponerse, cuánto tiempo tiene que pasar para que puedan reunir las fuerzas y el valor de tomar esa piedra tan grande, para poder arrojarla de manera definitiva hacia al pasado.

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